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Ingrediente bajo la lupa · 6 min

¿Qué es el sorbitol de tu pasta de dientes? Las bacterias lo fermentan despacio, salvo que una boca seca les dé tiempo

Mañana de otoño en una cocina luminosa: una mujer de pelo rubio ondulado y jersey color avena levanta hacia la luz de la ventana un racimo de bayas maduras de serbal; sobre la mesa de roble, un cuenco de bayas de serbal y un vasito de zumo recién exprimido.

Coge tu pasta de dientes y lee la lista de ingredientes. No la parte delantera del tubo: la letra pequeña de detrás. La primera palabra suele ser agua. La segunda, en muchos tubos de un baño europeo, es una palabra que nadie anuncia: sorbitol. Llevas años metiéndotela en la boca dos veces al día. Probablemente nunca te has preguntado qué es el sorbitol ni qué hace ahí.

El orden no es decoración. En la Unión Europea, el Reglamento (CE) n.º 1223/2009 obliga a que un cosmético enumere sus ingredientes en orden decreciente de peso; solo los que están por debajo del 1 % pueden ir en cualquier orden. Así que el héroe de la publicidad, el extracto, la enzima, el probiótico, suele estar muy abajo, y lo que tragas en trazas cada mañana está arriba. La etiqueta te dice de qué está hecho el tubo. La parte delantera, lo que le gustaría ser.

Qué es el sorbitol: un azúcar de una baya amarga

En 1872 el químico francés Jean Baptiste Boussingault exprimió el zumo de las bayas del serbal de cazadores, los racimos rojos y amargos de Sorbus aucuparia que maduran en otoño, y obtuvo una sustancia dulce que nadie había descrito. La bautizó por el árbol: sorbite. En español se quedó en sorbitol. Es un alcohol de azúcar: una molécula construida como un azúcar, de sabor dulce, pero que no es el azúcar del que viven tus bacterias.

En una pasta de dientes hace dos trabajos discretos. Retiene agua, para que la pasta no se seque formando una costra dentro del tubo, y le da un sabor ligeramente dulce sin añadir azúcar. Eso es todo. No está ahí para tratar nada. Lo que lleva a la única pregunta que importa sobre un ingrediente sin promesa: ¿qué es lo que no hace?

Lo que el sorbitol no hace, y por qué eso es lo importante

El azúcar es peligroso en la boca por una razón: las bacterias de la placa lo fermentan deprisa y lo convierten en ácido, y el ácido saca mineral del esmalte. El sorbitol también se fermenta, pero despacio y por menos bacterias. Una revisión sueca de 1985 sobre sustitutos del azúcar encontró que lo utilizan ciertos grupos de bacterias orales, no la comunidad de la placa en su conjunto; las revisiones de estudios con chicle describen el sorbitol como lentamente convertido en ácido, sin la caída crítica que provoca el azúcar. La ley alimentaria estadounidense traza la línea en el mismo sitio: el sorbitol figura en la lista de alcoholes de azúcar que pueden declarar que no favorecen la caries (21 CFR 101.80), y la prueba es que el pH de la placa no baje de 5,7 mientras se come ni hasta 30 minutos después.

Esta es la vía negativa de un ingrediente. Nos gusta juzgar una molécula por lo que añade. Casi todo lo que mantiene sana una boca es lo que no ocurre en ella: el ácido que nunca se forma, el azúcar que nunca llega. El sorbitol se gana su sitio en la segunda línea no por hacer algo, sino por ocupar el lugar donde estaría el azúcar y no hacer casi nada.

Sorbitol frente a xilitol: el número que lo mantiene honesto

Casi nada no es nada. La prueba más limpia que tenemos viene del chicle: personas que usaron un edulcorante durante meses y dentistas que contaron las caries nuevas. En 2008, Amol Deshpande y Alejandro Jadad reunieron 19 artículos con 14 poblaciones de estudio, cada una comparando un chicle con ningún chicle. El chicle con sorbitol previno el 20,01 % de las caries nuevas. El de xilitol, el 58,66 %.

Placa construida: sobre un pedestal de piedra caliza, un diente en sección, una ramita de bayas rojas de serbal y un montoncito de cristales blancos de sorbitol. Al lado, las palabras «Dulce, pero lento para las bacterias.» y las cifras: menos caries con chicle de sorbitol, 20,01 %, y con chicle de xilitol, 58,66 %; fuente Deshpande & Jadad, 2008.
Caries prevenidas con chicle frente a no masticar chicle: sorbitol 20,01 %, xilitol 58,66 % (Deshpande & Jadad, 2008).

Lee esos dos números despacio. Los dos chicles ganan a no masticar nada: masticar ya hace fluir la saliva, y la saliva es una defensa. Pero el xilitol lo fermentan muy pocas bacterias y el sorbitol, algunas, y la distancia entre el 20,01 % y el 58,66 % es, con toda probabilidad, el precio de esa diferencia. El sorbitol no es un protector. Es un sustituto que hace mucho menos daño que el azúcar al que reemplazó.

¿El sorbitol es malo para los dientes? La boca que cambia la respuesta

Ahora la parte incómoda, la que la etiqueta no puede contarte. Las bacterias se adaptan. En 1990, unos investigadores de Malmö pidieron a 23 personas, 12 con poco flujo de saliva y 11 con flujo normal, que se enjuagaran a menudo con una solución de sorbitol al 10 % durante 4 semanas. Después, su placa tenía más bacterias que fermentan el sorbitol y más estreptococos mutans, y su pH caía más tras un enjuague con sorbitol que antes. La caída fue más profunda en las personas con la boca seca. Los propios autores sacaron la conclusión: donde la protección natural es débil, el potencial cariogénico del sorbitol debe tenerse en cuenta en productos de uso frecuente.

Aquí está la asimetría. Para una boca con saliva de sobra, el sorbitol es casi neutro. Para una boca seca, frecuente con la edad y con muchos medicamentos, la misma molécula, muchas veces al día, entrena poco a poco una placa capaz de comérsela. El riesgo se demostró con enjuagues y chicles usados una y otra vez, no con una pasta con la que te cepillas dos minutos dos veces al día y que escupes. Pero el riesgo vive en la frecuencia. Cuenta cuántas cosas dulces sin azúcar pasan por tu boca antes del mediodía, caramelos de menta, chicles, pastillas, jarabes, y sabrás cuál de las dos bocas estás construyendo.

En 8 de nuestras pastas de dientes el sorbitol ocupa el primer o el segundo lugar de la lista de ingredientes; en siete de ellas, justo después del agua. Está ahí por las razones de arriba: mantiene la pasta suave y hace agradable el cepillado. No está ahí para proteger tus dientes, y no afirmamos que lo haga. Lo que los protege es lo que haces con el cepillo y lo poco que algo dulce llega a tus dientes entre cepillado y cepillado.

Esta noche, dale la vuelta al tubo y lee la segunda palabra. Luego piensa en las cosas dulces que mañana no vas a comer. Esa lista importa más que nada de lo que dice la etiqueta.

Lo mejor que puede hacer un ingrediente en tu boca es casi nada, y el serbal lleva haciéndolo desde 1872.