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Artículo · 9 min

Hilo dental: nunca se refutó, solo nunca se midió

Una mujer de casi cuarenta años sentada a la mesa de la cocina de noche, la cara iluminada desde abajo por la pantalla del móvil que lee, en el instante en que le conceden permiso para dejarlo

En agosto de 2016 un periodista hizo lo que casi nadie se molesta en hacer. Pidió las pruebas. La agencia Associated Press había notado algo raro: el gobierno de Estados Unidos, al revisar sus guías alimentarias, había eliminado discretamente la línea que recomendaba usar hilo dental. No la suavizó. La quitó. Así que el periodista presentó solicitudes de acceso a la información, recuperó los ensayos y descubrió que el hábito más universalmente recetado de la odontología se apoyaba en estudios que sus propios revisores habían calificado de débiles y muy poco fiables.

Los titulares se escribieron solos en un día. El hilo dental no sirve. Tu dentista te mentía. Y muchísima gente empujó la cajita de plástico al fondo de un cajón y se sintió, por primera vez en su vida adulta, absuelta.

Esto es lo que no apareció en ningún titular. Los revisores no habían descubierto que el hilo dental falle. Habían descubierto que casi nadie lo había mirado en serio. No es el mismo hallazgo. Ni siquiera es un hallazgo vecino, y la distancia entre ambos es la distancia entre saber que algo es falso y no saber absolutamente nada.

Prueba débil y ausencia de efecto son animales distintos

El documento que sostiene todo este asunto es una revisión Cochrane publicada en 2011 por Dario Sambunjak y colegas. Doce ensayos, 582 personas que cepillaban y usaban hilo frente a 501 que solo cepillaban. En inflamación de encías encontró un beneficio estadísticamente significativo en cada intervalo medido: una diferencia de medias estandarizada de -0,36 al mes, -0,41 a los tres meses, -0,72 a los seis. Eso no es un resultado nulo. Es la misma dirección tres veces seguidas, y ampliándose con los meses.

Sobre la placa, esa misma revisión calificó su evidencia de débil y muy poco fiable, y esa es la frase que citaron las agencias. Sobre la caries dijo algo más extraño y mucho más importante: ninguno de los ensayos incluidos la reportó. Ni uno había medido si el hilo dental previene una caries. La ausencia que los periódicos leyeron como veredicto era una columna vacía en una tabla.

Ocho años después la columna sigue vacía

Cochrane volvió a la pregunta en 2019 — Helen Worthington y colegas, 35 ensayos aleatorizados, 3 929 adultos, todos los dispositivos interdentales que alguien vende. El hilo dental volvió a reducir la inflamación de encías al mes, diferencia de medias estandarizada de -0,58 en ocho ensayos y 585 personas, con certeza baja. Y otra vez, en palabras de los autores: ningún ensayo evaluó la caries interproximal. Treinta y cinco ensayos, y ninguno midió aquello para lo que existe todo el hábito.

Tres revisiones Cochrane dibujadas como columnas: inflamación de encías y placa rellenas, la fila de caries entre los dientes vacía en las tres
Tres revisiones, cincuenta y cuatro ensayos y una fila que nadie ha rellenado nunca.

En cuanto uno pregunta por qué la evidencia es débil, la debilidad deja de parecer un veredicto y empieza a parecer un problema de diseño. Los ensayos duran de cuatro semanas a seis meses; la periodontitis y la caries entre los dientes tardan años, a veces décadas. No se puede cegar a una persona respecto a si usa hilo dental, así que todo ensayo arrastra sesgo de ejecución por construcción — de los 35 trabajos, solo 2 estaban por lo demás en bajo riesgo de sesgo. Y casi todos reclutaron gente con encías ya casi sanas. Intente demostrar mejoría en una boca casi sana en cuatro semanas y medirá sobre todo ruido.

Probablemente usted ya tomó una decisión sobre esto sin darse cuenta de que la tomaba. Quizá leyó el titular en 2016, o lo recibió de segunda mano de alguien que lo había leído, y el hábito se apagó sin ruido. Nadie le hizo seguimiento. Nadie hizo el ensayo tampoco. Lleva nueve años dentro de un experimento con un solo participante y sin grupo de control, y el resultado llegará en una cita con el dentista que todavía no ha pedido.

La asimetría es todo el argumento

Quite la ciencia y mire la forma de la apuesta. De un lado, sesenta segundos al día y unos céntimos de hilo. Del otro, una enfermedad que calla hasta que es estructural: el hueso no vuelve a crecer, los dientes no vuelven. Los ensayos solo pueden hablar de efectos pequeños, en ventanas cortas, en bocas sanas. De sus próximos cuarenta años no pueden decir nada, y nunca se construyeron para eso. Cuando el coste de actuar es trivial y el coste de equivocarse no lo es, no necesita una prueba fuerte a favor. Necesita la ausencia de una prueba fuerte en contra.

Ese es el error que cometió la cobertura de 2016, y no es pequeño: trató la evidencia que falta como si fuera evidencia de ausencia. En un terreno donde el daño se acumula en silencio durante décadas mientras los ensayos se miden en semanas, la evidencia que falta es exactamente lo que va a encontrar, funcione el hábito o no. Un estudio que no podía detectar el beneficio no es un estudio que lo refute.

El hallazgo que nadie contó

Enterrado en esas mismas revisiones hay un resultado mucho más útil que el que llegó a las noticias. Cuando el hilo se comparó no contra nada, sino contra un cepillo pequeño que entra entre los dientes, ganó el cepillo. Tina Poklepovic y colegas, revisando siete estudios y 326 personas en 2013, hallaron que el cepillo interdental reduce la inflamación de encías más que el hilo al mes — diferencia de medias estandarizada de -0,53. La revisión de Worthington de 2019 llegó a lo mismo: los cepillos interdentales podrían ser más eficaces que el hilo. La historia de 2016 duró una semana. Esta no ha tenido titular jamás.

Esa misma revisión es igual de tajante en el otro sentido. Los irrigadores bucales — los chorros de agua vendidos como el reemplazo moderno de todo lo anterior — no mostraron reducción de puntos sangrantes ni de placa frente al cepillado solo, ni al mes ni a los tres meses. El aparato con mejor marketing carga la evidencia más fina de los tres. Ese orden dice algo sobre la relación entre la evidencia y la publicidad.

Queda una pregunta mejor que la del titular

No si limpiar entre los dientes, sino con qué. Donde los dientes se tocan, solo pasa el hilo: nuestro WAXED MINT es hilo de poliéster encerado con menta, hecho para contactos apretados, implantes y retenedores. Donde los huecos son irregulares — restauraciones, ortodoncia, troneras más anchas —, EXPANDING es un multifilamento hidrófilo que se expande a dos o tres veces su anchura seca en cuanto encuentra saliva, y llena lo que un hilo de diámetro fijo no puede. Y donde el hueco admite un cepillo, la evidencia prefiere el cepillo: INTERDENTALS S y M, núcleo de acero inoxidable con filamentos poliméricos, para coronas, implantes, brackets y troneras abiertas. Das Experten fabrica los tres, porque su boca no es un hueco repetido treinta y dos veces.

Nueve años después, el estudio que habría zanjado esto sigue sin hacerse, y probablemente no se hará nunca. Necesitaría miles de personas, una década de seguimiento y un financiador sin nada que vender. La pregunta nunca iba a responderse por usted, y leer un hueco en la literatura como permiso siempre fue una elección, no una conclusión.

Nunca estuvo esperando pruebas. Estaba esperando una excusa — y en 2016 un teletipo le entregó una que la ciencia de debajo nunca respaldó.