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Novedades en salud bucal · 5 min

¿Vapear es malo para los dientes? Cuatro estudios nuevos: tus encías parecen más tranquilas de lo que están

En un baño de paredes color crema con luz de mañana, una mujer joven de pelo oscuro y rizado con camiseta gris se inclina hacia el espejo y se aparta el labio con un dedo para revisar dientes y encías; en el lavabo, un vapeador negro sencillo y un vaso de agua.

Hay una comparación que suena a buena noticia y no lo es. Alguien deja el tabaco, se pasa al vapeo y, a los pocos meses, las encías parecen más tranquilas. Menos rojas. El dentista asiente. El error no está en la vista. Está en la pregunta. «Mejor que fumar» y «no pasa nada» son dos afirmaciones distintas, y casi todo el que vapea las ha cambiado sin decirlo.

Entonces, ¿vapear es malo para los dientes? ¿Vapear daña las encías? Cuatro estudios publicados entre el 13 de agosto y esta semana dan la respuesta más actual, y no gusta a ninguno de los dos bandos. Esto es lo nuevo, con fuente y fecha en cada línea.

Lo nuevo: cuatro trabajos y un patrón incómodo

3 de septiembre de 2026, Dentistry Journal. Una revisión sistemática de Di Palo y colaboradores reunió 31 estudios y 3 106 personas, publicados de abril de 2022 a diciembre de 2025. El cigarrillo dejó las peores encías, y la cachimba, poco mejores. Los usuarios de cigarrillo electrónico quedaron en medio, pero con bolsas más profundas y más pérdida de inserción que los no fumadores, y con más sangrado al sondaje pese a una puntuación más baja de inflamación visible. Alrededor de los implantes, la pérdida de hueso en quienes vapean fue la mayor de todos los grupos, cigarrillo incluido. El veredicto de los autores: menos dañino, «no libre de riesgo».

Número de octubre de 2026, Clinical and Experimental Dental Research. Gould y colaboradores buscaron hasta el 30 de junio de 2026 una pregunta estrecha: ¿cambia el vapeo la respuesta de las encías al tratamiento? Siete estudios, 640 personas: 168 vapeadores, 138 fumadores, 334 no fumadores. La respuesta a la terapia periodontal y de implantes no difirió de forma significativa entre vapeadores y fumadores, y ambos evolucionaron peor que los no fumadores. Un mensajero inflamatorio, TNF-α, fue más alto en los vapeadores.

5 de septiembre de 2026, Ecotoxicology and Environmental Safety. En el laboratorio, Ganapathy y colaboradores expusieron células humanas del revestimiento de la boca durante dos semanas a extracto de aerosol de vapeo con 30 ng/mL de nicotina, el nivel medido en la sangre de los usuarios. Las células activaron sus defensas contra el estrés (NRF2) y la señal TGF-β1, y empezaron a comportarse más como células madre. Son células en una placa, no personas, y los autores lo llaman una señal temprana que hay que seguir.

13 de agosto de 2026, BMC Oral Health. El contrapeso. Li, Tan y Han siguieron a 328 pacientes con 452 implantes durante un año. Los fumadores acabaron con bolsas más profundas que los vapeadores, 3,72 mm frente a 3,18 mm, y más cambio óseo, 1,01 mm frente a 0,68 mm. Un punto para el vapeo, hasta que lees la letra pequeña: los vapeadores llevaban una mediana de 3 años con el dispositivo, los fumadores 12, y no había ningún grupo que nunca hubiera fumado.

Lámina construida: modelo en corte de un diente en la encía y el hueso sobre piedra caliza, con una pequeña bolsa abierta en el borde de la encía y una fina voluta de vapor, junto a las palabras «Parece más tranquila. Sangra más.» y las cifras 3 106 personas, 31 estudios y 640 tratadas, 7 estudios.
Frente al cigarrillo, el vapeo aprueba. Frente a una encía sana, no.

Menos dañino no es inocuo

Fíjate en contra qué se mide cada comparación. El vapeo se califica frente al cigarrillo —lo peor que una boca puede hacerse a sí misma— y aprueba, como aprueba cualquier cosa cuando el listón está en el suelo. La única referencia que te importa es la encía que tendrías sin ninguno de los dos. Frente a esa encía, todos los trabajos de este verano dicen lo mismo: bolsas más profundas, más sangrado, peor respuesta al tratamiento.

Los dos resultados sobre el hueso no coinciden, y conviene decirlo en voz alta, no suavizarlo. Una revisión encontró la mayor pérdida ósea alrededor de los implantes en quienes vapean; una cohorte, menos que en fumadores. Los vapeadores de la cohorte tenían una cuarta parte de la exposición de los fumadores. La enfermedad de las encías es lenta; el daño se cuenta en años. Un hábito de tres años todavía no ha tenido tiempo de enviar la factura.

Hay un segundo punto ciego, y los autores del estudio de implantes lo señalan: no se midió el tabaquismo previo. Muchos vapeadores son exfumadores, así que su encía suele cargar años de cigarrillos que el estudio no ve. Eso corta en los dos sentidos: puede hacer que el vapeo parezca peor de lo que es, o esconder cuánto de la «mejoría» es solo tiempo desde el último cigarrillo. En cualquier caso, nadie tiene todavía la comparación limpia que querrías.

La línea más extraña es la más callada. Las encías de quienes vapean puntuaron más bajo en inflamación visible y aun así sangraron más cuando entró la sonda. Si dejaste el cigarrillo y notaste las encías más rosadas, probablemente lo tomaste como el veredicto. Puede que solo sea la parte del veredicto que se ve en el espejo.

Qué hacer con esto el lunes por la mañana

Dile a tu dentista que vapeas, con la misma frase que usarías para el tabaco: la revisión sobre el tratamiento encontró que quien vapea responde como quien fuma, y el plan debe saberlo. Pide que te midan las bolsas en lugar de mirarlas, porque el aspecto es justo lo que el vapeo parece maquillar. Y dale al borde de la encía la atención que le darías si todavía fumaras.

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El vapeo no hizo sanas tus encías; quizá solo las hizo más calladas, y una encía callada es la que dejas de revisar.