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Artículo · 6 min

Pasta de dientes para carillas: el esmalte se repara, la cerámica no

Una mujer de unos sesenta años está ante el espejo del baño a última hora, sostiene un espejo de mano a contraluz y se levanta el labio con la yema de un dedo para mirar el borde de una corona anterior

Existe un tipo de daño al que no va unido ningún receptor del dolor. El esmalte al menos tiene uno: no para el desgaste, sino para el frío que llega cuando la capa ya es lo bastante fina. Una corona no tiene nada. Una carilla no tiene nada. Una base de prótesis no tiene nada. Puede degradar las tres a razón de dos minutos al día durante diez años sin recibir una sola señal. La ausencia de señal no es la ausencia de daño. Es la ausencia de señal.

Seis veces en un mes la misma pregunta, y ninguna respuesta directa

Llegó a nuestra cola de reseñas en seis días distintos dentro de un mismo mes, vestida cada vez con otras palabras: ¿sirve esta pasta para coronas e implantes?, ¿puedo usarla en dientes de cerámica y prótesis de acrílico?, ¿y con las carillas de circonio? Nadie pregunta lo mismo seis veces por curiosidad. Se pregunta porque se pagó por algo que no se reemplaza a la ligera; porque el tubo no dice nada útil; y porque quien mejor podría responder le ve veinte minutos una vez al año. Probablemente usted ha estado ante el espejo con esa misma duda y ha cepillado igualmente, porque cepillarse es lo correcto. Lo correcto no es una propiedad de los materiales.

Un cepillo, cuatro superficies: el esmalte y la cerámica glaseada salieron más lisos, el composite y el acrílico más rugosos, frente al umbral de rugosidad Ra 0,2 micrómetros por encima del cual aumenta la placa

Alguien midió la línea, y es un número muy pequeño

La línea es la rugosidad, y se trazó en 1997. Al revisar las superficies duras que viven en la boca humana, Bollen, Lambrechts y Quirynen identificaron un umbral de Ra 0,2 µm: por debajo, alisar más no reduce ya la acumulación bacteriana; por encima, la placa aumenta, y con ella el riesgo tanto de caries como de inflamación periodontal. Dos décimas de micrómetro. No se ve, no se encuentra con la lengua, y ningún producto del estante le dirá de qué lado está. Esa misma revisión termina con una frase que debería ir impresa en cada tubo: cada material dental necesita su propio tratamiento para obtener y mantener una superficie lo más lisa posible.

Y entonces la cerámica hizo justo lo contrario de lo que todos esperan

Aquí falla la intuición, y falla en la dirección que nadie prevé. Las cerámicas CAD/CAM glaseadas — disilicato de litio, silicato de litio reforzado con circonio, circonio parcialmente estabilizado, es decir, exactamente los materiales de los que están hechas su corona y su carilla — fueron cepilladas durante 180 000 ciclos en 2024 por de Castro Albuquerque y colaboradores. La rugosidad no subió. Bajó de forma significativa, y el brillo aumentó: el cepillado las pulió. El cepillado prolongado, concluyen los autores, no comprometió en absoluto la superficie glaseada. Si lleva años cepillando su corona con miedo, ha estado resolviendo el problema equivocado.

La trampa está en la palabra glaseada. Un glaseado es una capa, y una capa tiene espesor. En 2020 Willers y colaboradores fueron directamente a esa capa y hallaron que es la parte frágil del conjunto: la abrasión, y la erosión combinada con abrasión, produjeron rugosidad significativamente mayor, mayor pérdida de superficie y mayor depósito de biopelícula que la erosión sola — y la rugosidad y el depósito de biopelícula estaban significativamente correlacionados. El glaseado del circonio monolítico salió peor que el del disilicato de litio. Es decir: el cuerpo de la cerámica es casi indestructible y la piel que lo cubre no lo es, y es la piel la que decide cuánta placa tendrá que soportar su encía.

Un tubo, dos minutos, dos resultados en direcciones opuestas

Ahora la parte que debería cerrar la discusión. En 2021 Yılmaz y Kanık cepillaron esmalte humano y tres composites durante 30 000 ciclos con una pasta blanqueadora basada en blue covarine. Los composites salieron más rugosos. El esmalte humano salió más liso cepillado con pasta que cepillado con agua destilada. La misma pasta, la misma máquina, los mismos dos minutos: una superficie mejoró y la otra empeoró, y la única variable era de qué estaba hecha. Rana y colaboradores encontraron la misma asimetría desde el otro lado en 2019: sobre composite nanorrelleno, cada uno de cinco dentífricos domésticos produjo significativamente más rugosidad que el agua pura, y un polvo dental produjo la mayor de todas.

El acrílico es el caso más claro, porque alguien dejó correr el reloj. En 2012 Sorgini y colaboradores cepillaron una superficie de PMMA durante 18 000, 36 000, 72 000 y 90 000 ciclos — calculados como uno, dos, cuatro y cinco años de cepillado regular. En todos los intervalos el efecto del agua destilada fue insignificante. Los dentífricos se diferenciaron del agua de forma significativa. Léalo dos veces: a lo largo de cinco años simulados el cepillo por sí solo no hizo prácticamente nada. La pasta era toda la variable. La dureza tampoco le salvará: AlSubaie y colaboradores hallaron la microdureza de los materiales de restauración esencialmente igual antes y después, mientras que la rugosidad cambió significativamente. Lo que cede es el acabado, no la sustancia.

Deje de preguntar con cuánta fuerza cepilla. Pregunte qué es lo que limpia.

Todos esos estudios miden lo mismo desde ángulos distintos. Un abrasivo retira material, y el material retirado no vuelve en ninguna parte de su boca salvo en el esmalte vivo, que remineraliza. Su corona no tiene ese mecanismo. Su composite no lo tiene. Su base de prótesis no lo tiene. Eso convierte el cepillado de una boca restaurada en una apuesta asimétrica: una pequeña ganancia diaria de limpieza, pagada con una pequeña pérdida diaria que solo se acumula en una dirección. La respuesta sensata a una apuesta asimétrica no es cepillarse menos. Es cambiar el instrumento, para que limpie la química y no el rozamiento, y el número que hay que pedirle a un fabricante se llama RDA. La pasta INNOWEISS de Das Experten se construye sobre una cascada de cinco enzimas — dextranasa, invertasa, glucosa oxidasa, papaína y bromelina — sobre una base de sílice con RDA medido por debajo de 30; elimina el 52–69% de la biopelícula dental por el mecanismo de la dextranasa y blanquea sin peróxido y sin ninguna acción abrasiva.

Nunca sentirá el momento en que una restauración cruza 0,2 µm. No lo verá en el espejo, y quien lo paga no es la boca que tiene esta noche, sino la que tendrá dentro de cinco años. La pregunta no es si su pasta es lo bastante suave para sus dientes. Es si lo es para las partes de su boca que ya no pueden curarse.