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Novedades en salud bucal · 6 min

Lactancia materna y caries: pantallas, tomas nocturnas y dentista en tres estudios de octubre

Tarde en una casa adosada neerlandesa: una mujer rubia sonríe a la cámara con la mano apoyada en una tableta oscura que descansa sobre una mesita redonda de roble; en una segunda mesita hay un vaso infantil de leche y un montón de libros; detrás de ella, una lámpara de pie de latón, un sofá gris y ventanales altos con el azul del anochecer.

Es tarde, la casa por fin está en silencio y el pequeño que tienes en brazos se duerme al pecho o con el biberón, con unos dibujos animados todavía encendidos en la tableta. En ese momento nadie cepilla dientes, y nadie debería sentirse culpable por ese momento. Pero en octubre de 2026 tres estudios miraron justo esa hora del día de un niño, y sus cifras sobre lactancia materna y caries merecen una lectura tranquila de cualquier familia con un hijo menor de tres años.

Aquí está lo que encontró cada estudio, lo que no puede demostrar y el único hábito al que apuntan los tres.

¿La lactancia materna causa caries? Las cifras de Japón

El 13 de octubre el International Journal of Paediatric Dentistry publicó un estudio de 69 165 niños de las revisiones rutinarias en Japón entre 2014 y 2019. A los 18 meses, 12 788 de ellos, el 18,5 %, seguían tomando el pecho. A los 3 años se encontraron caries en el 35,9 % de esos niños frente al 23,7 % del resto, y caries graves en el 19,2 % frente al 10,5 %.

Después el autor ajustó por zumo azucarado, tiempo de pantalla, ayuda de los padres con el cepillado, familias monoparentales y trabajo de los padres. La relación se mantuvo: probabilidad de cualquier caries 1,89 veces mayor, de caries grave 2,14 veces. Se mantuvo incluso al contar las caries que el niño ya tenía a los 18 meses (probabilidad 1,74), así que no se trata solo de que a los niños con dientes doloridos se les diera más el pecho.

No es una alarma nueva. En 2017 una cohorte de nacimiento brasileña de 1 303 niños encontró caries graves a los 5 años 2,4 veces más a menudo tras una lactancia de 24 meses o más que tras una lactancia de hasta 12 meses; entre los 13 y los 23 meses no encontró efecto.

La leche no es la culpable. La hora sí

Fíjate en el consejo que el autor japonés saca de sus propios datos: no convertir la toma en la manera de dormirse y limpiar la boca después de mamar. El problema que describen las cifras es el momento. Durante el sueño el flujo de saliva, el enjuague y amortiguador propio de la boca, se vuelve insignificante, como escribió una revisión de 2008 en el Journal of the American Dental Association, y por eso el cepillado más importante del día es el de justo antes de dormir. La leche que se queda toda la noche en los dientes nuevos no encuentra saliva que la arrastre.

Así que las recomendaciones no se han vuelto contra la lactancia. La Organización Mundial de la Salud sigue aconsejando solo leche materna los primeros 6 meses y lactancia junto con otros alimentos hasta los 2 años o más. La American Academy of Pediatric Dentistry, en su política de 2025, pide algo más concreto: evitar las tomas a demanda y nocturnas, con biberón o al pecho, a partir de los 12 meses.

Una lámina construida: sobre una superficie azul grisácea pálida, un pequeño diente de leche blanco con la mitad inferior envuelta en un suave resplandor de leche, una luna creciente de plata esculpida se eleva sobre él en una varilla fina, y una mancha de luz fría de pantalla cae sobre el suelo. Las palabras La leche no es. Es la noche, con 35,9 frente a 23,7 por ciento de niños con caries a los 3 años, 1,27 veces la probabilidad con más de 1 hora de pantalla al día y 4 699 británicos seguidos hasta los 46.
Tres estudios de octubre en cifras: caries a los 3 años en el 35,9 % de los niños que tomaban el pecho a los 18 meses frente al 23,7 % del resto (69 165 niños, Japón); 1,27 veces la probabilidad de caries cuando la pantalla superó 1 hora al día (71 438 niños, Okinawa); y 4 699 británicos seguidos desde las visitas al dentista de la infancia hasta la salud bucal a los 46 (Yodoshi 2026, Mohd Khairuddin 2026).

Pantallas a los 2 años: 1,27 veces la probabilidad

El 7 de octubre el mismo autor publicó un segundo estudio, en Pediatrics and Neonatology, con las revisiones de 71 438 niños de Okinawa. Los niños cuyo tiempo de pantalla subió por encima de 1 hora al día entre los 18 meses y los 3 años tenían 1,27 veces la probabilidad de caries a los 3 años en comparación con los que siguieron con poco tiempo, y 1,55 veces la de caries grave. Los niños con mucho tiempo de pantalla en ambas edades tenían una probabilidad 1,11 veces mayor. El tiempo de pantalla no predijo la obesidad una vez contado el peso anterior.

Una pantalla no disuelve el esmalte. Lo que sugieren los autores, y es su deducción, no una medición, es lo que viaja con la pantalla: picar y beber mientras se mira y un cepillado hecho deprisa o saltado. Su consejo es dejar las comidas y el cepillado sin pantallas. Coincide con la American Academy of Pediatrics, que desde 2016 pide como máximo 1 hora de pantalla al día para niños de 2 a 5 años.

Visitas al dentista en la infancia: el hábito, no el sillón

El tercer estudio, publicado el 13 de octubre por investigadores del King's College de Londres, siguió a británicos nacidos en 1970. En 4 699 de ellos se compararon las visitas al dentista registradas a los 5, 10 y 16 años con la salud bucal a los 46, cuando el 23 % calificó su boca como mala. El efecto directo de las visitas en la infancia fue muy débil (probabilidad 1,03). La mayor parte del beneficio pasó por un hábito: las visitas regulares en la infancia iban unidas a un mejor cepillado después, y un mejor cepillado a una mejor salud bucal. La mala salud bucal era más frecuente entre quienes se cepillaban menos de dos veces al día y entre los fumadores.

En otras palabras, el sillón del dentista importó sobre todo como escuela del cepillo. El mismo estudio vio que la clase social de los padres marcaba tanto las visitas como el resultado adulto: los hábitos se construyen en casa antes que en una consulta.

Hacia dónde apuntan los tres estudios

Los tres son observacionales: muestran relaciones fuertes y repetidas, no la prueba de una causa. Dos de ellos son de un mismo autor y de un mismo sistema japonés de revisiones. Pero juntos dibujan la misma imagen, y es práctica. El riesgo está en las horas en que una boca pequeña tiene leche, zumo o algo de picar sobre los dientes y nadie cepilla después.

Cepilla con una mancha de pasta con flúor desde el primer diente, dos veces al día, la última después de la última toma. Desde el primer cumpleaños, intenta que el sueño llegue sin el pecho ni el biberón en la boca. Aleja la tableta de las comidas y del baño. Pide la primera visita al dentista en los 6 meses siguientes al primer diente y nunca después del primer cumpleaños, como piden las pautas dentales de 2025, y vuelve con regularidad para que el hábito tenga un maestro.

No hace falta dejar la lactancia para proteger los dientes de un niño pequeño. Lo que hay que cambiar es el último minuto del día: leche, luego cepillo, luego dormir.